sábado, 18 de abril de 2026
FARDELA DE VIENTRE BLANCO
Por José Mendoza Bascuñan
Crisis ambiental en aves marinas
Se repite un preocupante escenario de posible extinción de las llamadas “fardelas blancas” en las costas de Chile. Más de quinientos ejemplares han aparecido muertos en la localidad de Tirúa, en la Región del Biobío. Este hecho se registró durante la última semana de febrero y constituye una situación que genera gran preocupación en la comunidad científica.
Estas aves corresponden a una especie endémica de Chile, cuyas principales colonias se encuentran en la Isla Mocha y en el archipiélago Juan Fernández. Su reproducción es lenta, ya que normalmente ponen un solo huevo por temporada, y en algunos casos dos, lo que dificulta la recuperación de su población frente a eventos de mortalidad masiva.
Las fardelas encontradas en las playas de Tirúa habrían muerto principalmente por inanición, quedando varadas en la orilla. Además, no solo esta especie se ha visto afectada, sino que también se han reportado muertes en otras aves marinas, como las fardelas negras.
Uno de los principales problemas asociados a esta situación es la contaminación del océano. En alta mar, estas aves se alimentan de nutrientes presentes en el agua, pero muchas veces ingieren residuos como plásticos, los cuales se acumulan en su organismo. Esto las vuelve altamente vulnerables, afectando su salud, su capacidad de alimentarse correctamente e incluso su capacidad de vuelo.
El impacto de los contaminantes en el océano resulta, por tanto, extremadamente perjudicial para estas especies. La presencia de fragmentos de plástico duro y otros desechos altera su comportamiento y puede provocar su muerte.
Frente a este escenario, se hace necesario implementar medidas como una mayor vigilancia en las costas, monitoreo constante de las poblaciones y campañas de difusión que alerten sobre los riesgos de la contaminación. Todo esto con el fin de prevenir que estas aves continúen en peligro y evitar un mayor riesgo de extinción.
En las costas de Chile, especialmente en el sur, habita una de las aves marinas más fascinantes y a la vez más vulnerables: las fardelas blancas. Estas aves, pertenecientes al grupo de las aves pelágicas, pasan la mayor parte de su vida en alta mar, regresando a tierra firme solo para reproducirse. Su estilo de vida las convierte en excelentes viajeras del océano, pero también en víctimas invisibles de los cambios ambientales.
Las fardelas blancas cumplen un rol clave en los ecosistemas marinos. Se alimentan principalmente de peces pequeños, calamares y otros organismos marinos, ayudando a mantener el equilibrio en la cadena trófica. Además, al desplazarse grandes distancias, contribuyen al transporte de nutrientes entre distintos sectores del océano.
En Chile, estas aves forman colonias reproductivas en lugares específicos como la Isla Mocha y el archipiélago Juan Fernández. Su reproducción es particularmente lenta: por lo general, ponen un solo huevo por temporada. Esta característica hace que sus poblaciones sean muy sensibles a cualquier aumento en la mortalidad, ya que no pueden recuperarse rápidamente.
En los últimos años, se han registrado eventos preocupantes en los que cientos de fardelas blancas han aparecido muertas en playas del país, como en la zona de Tirúa, en la Región del Biobío. Muchos de estos casos se han asociado a la inanición, es decir, la falta de alimento suficiente en su entorno. Esto puede estar relacionado con cambios en las condiciones del océano, como la disminución de presas o alteraciones en las corrientes marinas.
Otro factor crítico es la contaminación. Las fardelas, al alimentarse en el océano abierto, pueden ingerir fragmentos de plástico que confunden con comida. Estos residuos no solo ocupan espacio en su sistema digestivo, sino que también pueden liberar sustancias tóxicas, afectando su salud, su capacidad de volar y, en muchos casos, provocando la muerte.
Además, la actividad humana en las costas y en el mar —como la pesca, el tráfico marítimo y la contaminación— incrementa los riesgos para estas aves. Redes de pesca, desechos y perturbaciones en sus zonas de anidación contribuyen a su vulnerabilidad.
La situación de las fardelas blancas es un reflejo de un problema mayor: el deterioro de los ecosistemas marinos. Protegerlas implica no solo enfocarse en la especie, sino también en el cuidado del océano en su conjunto. Medidas como reducir el uso de plásticos, mejorar la gestión de residuos, fortalecer el monitoreo científico y proteger sus áreas de reproducción son fundamentales para su conservación.
En definitiva, las fardelas blancas no solo son parte del patrimonio natural de Chile, sino también un indicador del estado de salud del mar. Su protección es una responsabilidad compartida, y su futuro dependerá de las acciones que tomemos hoy.
Ardenna creatopus
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